Por qué un banco de obra marca la diferencia
Un banco de ducha hecho in situ no tiene nada que ver con esas banquetas de plástico o resina que acaban bailando. Cuando lo ejecutas bien, con pendiente integrada y revestimiento de porcelánico, ganas robustez, estética y una sensación de baño de hotel que difícilmente consigues con soluciones prefabricadas. He construido varios a lo largo de los años y, aunque no es un proyecto para un sábado por la mañana si eres novato, con paciencia y las indicaciones justas sale a la primera.
Te voy a contar el proceso paso a paso, desde el encofrado hasta el acabado, sin florituras. Lo importante aquí es que la pendiente funcione, la impermeabilización no deje pasar ni una gota y el porcelánico aguante lo que le eches. Empecemos.
Materiales y herramientas necesarios
Antes de meter mano, asegúrate de tener todo listo. No hay nada más frustrante que parar en seco porque te falta una llana dentada o un metro de membrana. Aquí va la lista básica:

- Cemento Portland, arena de río y gravilla fina (o mortero predosificado M-7,5 para estructuras).
- Tableros de encofrar (fenólico de 19 mm o similar), listones de madera, tornillos y puntales.
- Armadura de varilla de acero corrugado de 8 mm (opcional pero recomendable para bancos grandes).
- Lámina impermeabilizante flexible (tipo banda de refuerzo para esquinas) y membrana líquida cementosa.
- Adhesivo cementoso de altas prestaciones (C2 TES1 o similar), apto para porcelánico.
- Baldosas de gres porcelánico y perfil decorativo o piezas en inglete para cantos.
- Llagas, crucetas niveladoras, cortadora manual o radial, nivel de burbuja.
- Pistola para sellador sanitario, y material de rejuntado (mortero epoxi o cementoso de altas prestaciones).
Con eso y unas cuantas horas de trabajo, deberías cubrir el proyecto sin sobresaltos. Insisto: no escatimes en impermeabilización ni en adhesivo; la humedad no perdona.
Paso 1: Diseño y encofrado con pendiente integrada
El banco tiene que ir anclado al forjado y, si es posible, a los tabiques laterales. Lo primero: decide medidas. Yo suelo recomendar unos 45-50 cm de altura (la altura de una silla estándar), y una profundidad de 35-40 cm. La pendiente del asiento debe caer hacia el interior de la ducha: entre un 1 % y un 2 % es suficiente para evacuar el agua sin que resbales al sentarte.
Monta el encofrado con los tableros cortados a las dimensiones exactas. Es fundamental que la estructura quede firme: apuntala bien por debajo y por los laterales. Para dar la pendiente, puedes calzar la parte trasera del molde del asiento con un listón más grueso, o cortar los tableros con la inclinación deseada. Comprueba con el nivel antes de hormigonar: un error aquí se arrastra hasta el final.
Consejo de obra: si el banco va apoyado sobre una solera o un forjado, limpia bien la base, aplica puente de unión y, si puedes, inserta unos tacos químicos con varilla roscada para coser el banco al suelo. Eso le da una rigidez extra que se agradece con los años.
Paso 2: Armadura y vertido del hormigón
Una vez el encofrado está listo, coloca la armadura de acero si has decidido usarla. Con una parrilla sencilla de varilla de 8 mm separadas 15 cm es más que suficiente, a no ser que el banco vuele mucho. Ata los cruces con alambre y asegúrate de que la armadura quede centrada en la masa de hormigón, sin tocar el fondo ni los laterales (usa separadores de plástico).
Prepara un hormigón con consistencia plástica: cemento, arena y grava en proporción 1:2:3 aproximadamente, o el mortero predosificado que hayas elegido. Vierte con cuidado, vibra bien para que no queden coqueras y alisa la superficie con la pendiente marcada. La superficie no tiene que ser perfecta, pero sí uniforme; la capa de adhesivo luego la regulará. Deja curar al menos 5-7 días, manteniendo la humedad (cúbrelo con plástico o riega ligeramente a diario). Paciencia, los tiempos de fraguado aquí no son negociables.
Paso 3: Impermeabilización completa
Con el banco ya duro, toca la fase más delicada: la impermeabilización. Las juntas entre banco y pared, y banco y suelo, son los puntos críticos. Aplica una banda de refuerzo elástica con malla en todas las esquinas y encuentros, embebida en membrana líquida. Luego, extiende dos manos de impermeabilizante cementoso sobre toda la superficie del banco y los paramentos de la ducha hasta una altura de unos 2 m, dejando secar entre capa y capa.
Recuerdo una reforma en la que el cliente insistió en ahorrarse este paso. A los seis meses, el falso techo de la planta inferior tenía una mancha que no se iba ni con tres manos de pintura. No te la juegues: usa productos de calidad, como Sika, Mapei o Weber, y respeta los solapes que indique el fabricante. La pendiente ayuda a evacuar el agua, pero la estanqueidad total depende de esta barrera.
Paso 4: Revestimiento de porcelánico y acabados
Ahora viene lo más gratificante: vestir el banco. El porcelánico es ideal porque no absorbe agua, es duro y admite cortes precisos. Coloca las piezas con adhesivo cementoso de altas prestaciones, usando llana dentada (8-10 mm) y doble encolado para asegurar adherencia total. Respeta la pendiente: comprueba con el nivel que las baldosas del asiento sigan cayendo hacia la ducha; a veces, con el adhesivo se puede corregir algún milímetro.
Los bordes son el punto débil estético. Puedes usar perfiles de aluminio o acero inoxidable, o cortar las piezas a inglete (bisel a 45°) para que el canto quede limpio. Si optas por inglete, refuerza la junta con un cordón de sellador antes de rejuntar. Deja juntas de 2-3 mm y rellénalas con mortero epoxi; es más caro pero resiste la humedad y las manchas mucho mejor que el cementoso tradicional. Finaliza sellando los encuentros con silicona sanitaria en el color que mejor case.
Errores que veo a menudo (y cómo evitarlos)
El fallo más común: olvidarse del drenaje. La pendiente del banco tiene que coincidir con la pendiente general del plato de ducha; si no, el agua se estanca en la esquina. Otro clásico: no proteger el banco durante el resto de la obra. Una vez colocado el porcelánico, cúbrelo con cartón o plástico de burbujas; un golpe de llana o una gota de yeso pueden arruinar el acabado.
Si trabajas en climas fríos, alarga los tiempos de curado. Y nunca, bajo ningún concepto, aceleres el secado del impermeabilizante con un calefactor; se cuartea y adiós estanqueidad. Construir bien lleva su tiempo, pero dormir tranquilo no tiene precio.
Ahora que tienes la guía, anímate a darle a tu baño ese toque artesanal que ni el mueble más caro puede igualar. Un banco de obra bien hecho es para toda la vida.