El problema de las zonas frías en el suelo radiante
Llega el invierno y notas que esa habitación no calienta como debería. Tocas el suelo y está templado a trozos: aquí sí, allá casi frío. No, no es que la caldera esté averiada. Casi seguro tienes aire en los circuitos de la calefacción radiante. Y es más habitual de lo que crees.
Cuando el aire se acumula en los serpentines, actúa como un tapón: impide que el agua caliente circule bien. El resultado son zonas frías, mayor consumo y la sensación de que el sistema va “a trompicones”. Lo bueno: con un poco de maña y las herramientas justas, puedes purgar el colector tú mismo y ahorrarte la visita del técnico. Yo lo he hecho decenas de veces en obra y te aseguro que no es complicado.
Antes de empezar: reúne lo que necesitas
No hace falta un maletín profesional, pero sí tener a mano unos cuantos elementos. Apunta: un cubo de plástico (mejor con boca ancha), una manguera transparente —yo uso de ½” o ¾” según la toma del colector—, una llave de purga o alicates de presión, una llave fija pequeña si las válvulas son manuales, y un trapo o bayeta. Si tu instalación tiene purgadores automáticos, comprueba que no estén atascados; a veces una punta fina basta.

También es vital que sepas dónde está la llave de llenado de la caldera y el manómetro; tendrás que reponer presión después. Y, por supuesto, apaga la calefacción y deja que el agua se temple. Con las válvulas calientes es un fastidio trabajar y te arriesgas a mojaduras tontas.
Paso 1: Localiza el colector y comprende sus válvulas
El colector suele estar en un armario empotrado en la pared, cerca de la caldera o en un pasillo. Verás dos barras metálicas: el colector de ida (por donde entra el agua caliente) y el de retorno. Cada barra tiene varias derivaciones con tubos de colores que alimentan las estancias.
Identifica las válvulas de corte (una por circuito), los caudalímetros y la toma de purga, que suele estar en un extremo del colector de retorno. Algunas instalaciones llevan un grifo de vaciado con racor para manguera; si no, es una simple boquilla. Cierra todas las válvulas de corte de los circuitos menos una, la que vayas a purgar primero.
Paso 2: Conecta la manguera de purga
Enrosca o inserta la manguera en la toma de purga. Asegúrate de que el otro extremo esté dentro del cubo y no pueda salirse. Una manguera transparente te permite ver las burbujas, lo que facilita saber cuándo ha salido todo el aire. Un truco: fija la manguera al cubo con algo de cinta si no quieres andar pendiente.
Paso 3: Purgar circuito a circuito
Ahora viene lo práctico. Abre lentamente la válvula de purga del colector de retorno. Escucharás un siseo: es el aire escapando. Deja salir agua hasta que el chorro sea continuo y sin burbujas. Al principio saldrá a borbotones y luego fluirá estable. Cierra la purga, abre el siguiente circuito y repite la operación.
Es importante hacerlo de uno en uno; si abres todos a la vez, el aire pasa de un serpentín a otro y no acabas nunca. Empieza por la estancia más alejada de la caldera y continúa hacia la más cercana. Así respetas la lógica hidráulica.
Mientras purgas, vigila el manómetro de la caldera. La presión irá cayendo. Cuando baje de 1 bar, abre la llave de llenado y rellena hasta 1.5–2 bares (según recomendación del fabricante). No te pases: una sobrepresión puede forzar la válvula de seguridad.
Paso 4: Revisa los caudalímetros y equilibra
Terminada la purga, abre todas las válvulas de corte y comprueba que los caudalímetros marcan los valores de proyecto (normalmente entre 1 y 3 l/min). Si alguno se dispara o no se mueve, puede haber aire residual; repite la purga de ese circuito. Una vez equilibrados, cierra el colector y enciende la calefacción.
¿Y si después de purgar sigo teniendo zonas frías?
Que no cunda el pánico. A veces el aire se aloja en puntos altos de la instalación y necesita un segundo purgado o instalar purgadores automáticos adicionales. Otras veces, el problema es de suciedad en los filtros o de una bomba circuladora que no da la fuerza suficiente. Revisa el filtro de llenado y el de la caldera; limpia si hace falta.
También puede ocurrir que la caldera no esté dimensionada para tiradas muy largas o que el aislamiento bajo el suelo sea insuficiente, pero esos son males mayores que ya no dependen de un simple purgado.
Consejos para mantener el sistema libre de aire
- Instala purgadores automáticos en los puntos altos de los colectores y revisa su funcionamiento cada año.
- Si vives en una zona con agua muy calcárea, plantéate instalar un descalcificador o al menos un filtro antical en la entrada de la caldera.
- Haz un mantenimiento anual: comprueba la presión, purga aunque no notes frío (suelen salir burbujas microscópicas) y limpia los filtros.
- Si el sistema ha estado parado mucho tiempo, purga nada más arrancar la temporada.
Recuerdo una reforma en un chalet donde el propietario llevaba años con una sala fría. Llamaba al técnico cada otoño, le cobraban un dineral y solo le “arreglaban” provisionalmente. Cuando nos pidió ayuda, bastaron quince minutos de purga metódica para devolver el calor a toda la casa. Así que no subestimes el poder de unas burbujas.
En fin, con estas pautas tienes todo lo necesario para enfrentarte al aire de tu calefacción radiante. Si te atascas, no fuerces nada; mejor pedir consejo antes de romper una llave. Pero si lo haces con calma, verás que no es para tanto. Y el gustazo de pisar un suelo caliente parejo no tiene precio.